En el norte de la isla de Luzón en Filipinas, en pleno corazón de la provincia Kalinga, tras un camino de senderos de unas 10 horas entre montaña y jungla, en uno de los rincones más recónditos del mundo, se halla la pequeña aldea de Buscalan. Allí, los Kalinga todavía se mantienen al margen de la sociedad moderna, conservando su cultura y tradición casi intactas.

Desde hace algunos años, Apo Whang-Od ha dado a conocer a buena parte del mundo, en especial a los amantes del tatuaje, el pueblo de Buscalan como un destino de lo más exótico para ser tatuado por la tatuadora más longeva del mundo, más de 80 años marcando la piel de la gente local. Ahora, visitantes de todo el mundo tratan de llegar a la aldea, y ella, los recibe con los brazos abiertos en su casa a cambio de dinero y alguna donación como comida, medicamentos o fósforo, muy valorado en la zona. Actualmente, sigue tatuando a unas 30 personas cada fin de semana que llegan en Jeep desde la ciudad.

“Estoy muy agradecida de que me visite gente de todas partes del mundo. Sus tatuajes dan sentido a mi vida”, explica la artista. Con el dinero que recibe por su trabajo compra gallinas y cerdos. “Antes no hacíamos tatuajes por dinero. Pero ahora las cosas han cambiado. Necesitamos el dinero, antes intercambiábamos cosas”.

whang od tatuaje batek
Whang Od tatuando un visitante mediante el “Batok”.
whang od tatuaje tradicional filipino
Tatuaje tradicional filipino mediante espina de calamansi, en la isla de Luzón.

Cerca de Buscalan, todos marcaban su piel. En las mujeres, era un componente estético que los padres proponían a sus hijas para potenciar su belleza estética.Era una distinción al pasar de niña en mujer adulta. Los ancianos pensaban además que el tatuaje ayudaba a tratar la infertilidad y algunas enfermedades comunes. En el caso de los hombres debían ganárselos. Los guerreros luchaban por la tierra y el honor de su tribu. Cortaban las cabezas de sus enemigos. Para reconocerlos marcaban sus cuerpos con tatuajes que demostraban su valentía.

Whang Od emplea la técnica del golpeteo manual llamado «batok». Consiste en penetrar la piel con una espira de calamansi, (cítrico filipino), que se adhiere en el extremo de un palo de ese mismo árbol. En un cuenco, prepara un mejunje hecho de carbón vegetal espesado con patata dulce, agua y azúcar. La tinta penetra a través del rápido y repetido golpeteo de la rama con un palo de bambú. La tatuadora tiene plantillas hechas a mano y motivos que vienen de la propia naturaleza. En su mayoría son figuras geométricas. Además emplea un tallo de arroz para estampar previamente el patrón en la piel. No utiliza camillas ni agujas esterilizadas. Ella prefiere seguir tatuando a la vieja usanza.

Bara de Bamboo, aguja y palo de Calamansi.
Diseños Kalinga, basados en la natrualeza.
Casa y lugar de trabajo de la tatuadora, en Buscalan.

El batok, es una técnica que se remonta miles de años y es bastante dolorosa comparada con otras técnicas modernas. Los que la han sentido la definen como “palpitante”. De hecho, habitualmente se emplea más de un día para terminar el tatuaje. La mambatok Whang Od dice que sus habilidades solo se pueden heredar a través del linaje, incluso afirma que si alguien de fuera de la familia tatuara,el tatuaje se infectaría.

Su marido murió durante la ocupación Japonesa de 1942, Whang-Od nunca se ha vuelto a casar ni a tenido hijos. Ella es la única persona del poblado que hace tatuajes, y la tradición corre peligro. Por suerte, ya tiene sucesora. Es la nieta de su hermana, Grace Palicas que comenzó a formarse con 9 años y aprende apasionadamente observando y poniendo en práctica lo que aprende de su maestra. Hoy en día es ella la que realiza la mayor parte de los tatuajes a los visitantes que acuden a Buscalan.

 
 

Apo Whang Od Oggay, nacida el 17 de Febrero de 1917, la tatuadora Kalinga de 103 años, es la persona más longeva del mundo marcando la piel. Con el cuerpo cubierto de tatuajes, con una vida entera dedicada al tatuaje, cuenta:

“El primer tatuaje que me hicieron fue unas escaleras y una serpiente pitón. No tienen ningún significado, son solo decoración”, confiesa. Además tiene tatuados campos de arroz, montañas y el nombre de su amado en la muñeca. Su talento le viene de familia, pues su padre era tatuador y le enseñó la técnica a partir de los 20 años.